¡No tengo tiempo!

0
42

[Tanta prisa tenemos por hacer, que olvidamos lo único realmente importante: vivir]

El tiempo no es algo que debamos atragantarnos; es algo para valorar y saborear. 

Conforme crecemos, es común sentir que el tiempo se va mucho más rápido. Las personas mayores de 40 dicen que el tiempo transcurría más lento en su infancia, y que de la adolescencia en adelante parecía haber acelerado el ritmo. Los humanos podemos valorar la duración de un evento desde dos perspectivas: cuando los hechos están ocurriendo o cuando ya han ocurrido. Además, nuestra experiencia varía según lo que estemos haciendo y cómo nos sentimos acerca de ello. Todos hemos experimentado que el tiempo ‘vuela’ cuando lo estamos pasando bien o cuando tenemos un reto que superar. Pero más tarde, al recordar esa actividad, parecerá haber durado más que otras experiencias menos importantes.

Pero el fenómeno actual sobre la forma en que percibimos el paso del tiempo tiene que ver con otro fenómeno.  La gente va apresurada de un lado a otro, sin estar realmente en ninguno, y sin llegar a valorar si podría haber hecho lo mismo a otro ritmo. Aumenta el número de personas que, trabaje en casa o en una empresa, demasiadas o pocas horas, siente que tiene que resolver todos sus asuntos en el menor tiempo posible. Aunque la prisa es una constante en la vida actual, no es un valor añadido. Hace poco, una mujer joven me decía: Hasta reconciliarte con tu pareja era mejor antes, ahora la gente cree que basta con enviar un mensaje de texto, con palabras tomadas de algún medio electrónico, palabras multicopiadas y repetidas sin el mismo nivel de relación humana de un escrito personal y único a un mensaje masivo, aunque esté ‘personalizado’. Para tocar los sentimientos profundos de otro, necesitamos dedicar tiempo no a buscar ‘el mejor’ mensaje en la red, sino a buscar en lo más hondo y honesto de nosotros mismos.

 

INCONGRUENCIAS DEL RITMO ACTUAL

A principios de los años sesenta, los televidentes observaban como un deseo, sólo posible a través de la ciencia ficción, la vida de Los Supersónicos (1962. Título original: The Jetsons, serie animada creada por William y Joseph Barbera), donde los personajes vivían en casas suspendidas en el aire mediante enormes soportes, se transportaban en aero-autos, tenían robots y para realizar cualquier tarea bastaba con que apretaran botones. Actualmente contamos cada vez con más aparatos para realizar el trabajo en menos tiempo y con menor esfuerzo:  microondas, lavavajillas, calculadoras científicas, computadoras y tabletas electrónicas, teléfonos móviles y sus aplicaciones… Todo esto nos debería dar mucho más tiempo del que tuvieron nuestros abuelos para hacer cosas “más importantes”, pero, paradójicamente, nadie tiene tiempo para nada. ¿Qué es lo que ha sucedido para que vivamos corriendo a un ritmo delirante?  Que buscando perfeccionar la tecnología para aumentar la productividad, automáticamente trasladamos esa mirada “productiva” sobre las personas, olvidando que los seres humanos no son máquinas que hay que acelerar indefinidamente para volverlas más productivas. Hemos perdido de vista que tenemos necesidades afectivas personales y ritmos individuales, y que, si funcionan de ese modo acelerado, pierden su calidad.

 

VALORES ABSOLUTOS

Los valores absolutos, universales y primordiales (la verdad, la justicia, la unidad, la libertad) no están en las cosas materiales, ni en las normas éticas, sin íntimamente ligados a nuestra vida.
Su existencia se justifica porque proporcionan mejores recursos al ser humano, promueven el respeto propio y ajeno, estimulan y facilitan el desarrollo moral e intelectual de la persona, crean oportunidades para alcanzar las metas del ser. Pero cuando la competencia personal y empresarial, la exigencia del rendimiento y la productividad se imponen como valores absolutos en todos los órdenes de la vida, eso nos lleva al cansancio, a la insatisfacción constante, al hastío generalizado… y esta trastocación de los valores, este desorden en los órdenes de la vida genera una tremenda ansiedad y pérdida.

 

TIEMPO DE OCIO Y LIBRE ALBEDRÍO

Eres muy eficiente, haces muchas cosas… pero seguro eres una persona que vive estresada y quejándose de todo y todos los que no funcionan a tu ritmo. El problema no es que las personas no sepamos administrar nuestro tiempo, sino esa mentalidad dominante que nos ha llevado a cargar sobre nuestra mente una interminable lista de “asuntos pendientes”. Tiempo hay, pero nos parece escaso cuando lo medimos sólo en función de la productividad o de las infinitas posibilidades de lo que podríamos hacer. Ante las innumerables opciones que nos ofrece el futuro (muchísimas de las cuales ni siquiera tienen que ver con nuestra personalidad), debemos tomar decisiones rápidas: “Si no decide ahora, pierde la oportunidad (del negocio que no te interesa, del préstamo que no necesitas, de adquirir eso que ya no tienes donde poner …)”.  Y si tenemos que elegir, siempre renunciaremos a algo… porque no se puede todo. Y cuando la prisa se ha instalado en nuestras vidas, dejamos la vida pasar, no disfrutamos del momento presente por estar anticipando el futuro. Dicen los acelerados: ¡El tiempo de ocio es para los que no tienen nada importante que hacer! Para los filósofos griegos, el ocio era una parte esencial de la vida; una ocupación desinteresada, no exenta de esfuerzo, que tiene que ver con la virtud y es la base de la felicidad. ¿Qué nos pasa? Cada momento nos parecemos más al chiste de Pepito, ése que cuenta cuando la maestra le preguntó: ¿Cuánto son 8 x 12?, y el pícaro respondió de inmediato y sin titubear; ¡95! La educadora, sorprendida, le llamó a la cordura: ¡Pepito, piensa antes de contestar!, pero él, descaradamente reviró: ¿Qué quiere, rapidez o precisión? ¿Qué calidad y capacidad crítica tiene tu aprendizaje cuando no lees ni reflexionas, sino haces copy-paste? ¿Tu trato con la gente es agradable cuando estás apurado y bajo estrés? ¿Mejoran tus relaciones de pareja, familia y amigos con escasa comunicación y sin actividades compartidas? ¿Hay menos accidentes en las calles si peatones y conductores van de prisa, concentrados en sus electrónicos y no en el camino? ¿Eres mejor persona, tu vida es mejor y la disfrutas más si no te das tiempo para descansar, disfrutar de la naturaleza, viajar, tomar unas buenas vacaciones?

 

CÓMO VIVIR CON CALMA

Si queremos, podemos seguir el ejemplo de las personas con calma, las que optimizan su tiempo para trabajar y disfrutar de la vida en todos los sentidos. Ellas:

Priorizan. ¿Qué es importante y qué no lo es? La respuesta es distinta para cada uno, porque depende de una escala de valores personal: la familia; el negocio; el desempeño profesional; la comunidad; viajar… Ninguna de ellas es buena ni mala. Lo que importa es ser coherente y actuar conforme a lo que cada uno establece como relevante.

Ponen límites en los horarios. Establecerlos ordena, agiliza la mente y centra la atención en la actividad. Si esa acotación no existe, el cerebro se dispersa porque sabe que dispone de todo el tiempo del mundo para resolver lo que tiene entre manos. Cada vez que rompe su proceso de concentración, enlentece la tarea, y luego llegan las prisas para acabarlo todo, la culpa por no regresar a casa antes y volver a correr para recuperar el tiempo perdido.

Saben decir NO. Esto no es ser egoísta. Es bueno ser servicial, muy malo tener una actitud servil. Si siempre pones los deseos de los demás antes que los tuyos, tendrás una vida insatisfecha, en la que predominará la idea de que no tienes tiempo para ti mismo y de que tus actividades no son importantes.

Desconectan. Del móvil, del WhatsApp, del correo electrónico, del trabajo, de todo lo que les impide disfrutar de otros momentos. Uno de los usos negativos de la tecnología es convertir todo en algo inmediato, No estás obligado a contestar al instante a toda la información entrante en el instante.

Logran el equilibrio. Reparten las horas de forma que obligaciones y ocio estén equilibrados. Siempre se dan tiempo para practicar yoga, algún deporte, una conversación larga y amena, un baño tranquilo, una copa de vino…

Vacacionan. Sí, las vacaciones son necesarias; sin embargo, muchas personas creen que no se pueden permitir unos días de descanso, que sin ellas a cargo de todas las responsabilidades, el mundo dejará de girar. Pero las vacaciones son un tiempo para desconectar de nuestras rutinas diarias y de nuestras preocupaciones; un tiempo para darnos permiso de cambiar nuestro agitado ritmo de vida, relajarnos y volver con renovados bríos e, incluso, ideas frescas.

Buscan estar a gusto. No se obsesionan con la perfección ni con que todo esté controlado, lo que les impide relajarse y desconectar. Buscan mejorar, crecer, superarse y estar a gusto con sus vidas.

Fluyen. Disfrutan y observan lo que acontece a su alrededor, sin estar pensando qué hacer a continuación. Para disfrutar del momento, se dejan llevar por el momento. Están en el presente.

 

Lectura recomendada: ‘Momo’, de Michael Ende.

Película: ‘El guerrero pacífico’, de Víctor Salva.

 

FUENTES:

Psicólogos Marc Wittmann y Sandra Lenhoff.Universidad de Múnich, Alemania.

Patricia Ramírez. “La prisa como estilo de vida”. El País Semanal. Mayo 16, 2015.

http://www.abc.com.py/articulos/valores-absolutos-y-relativos

noticias.universia.es/vida-universitaria/noticia/2007/05/10/592564/ocio-grecia-clasica.html

http://psicobsm.com

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here