Y tú… ¿padeces de enanismo emocional?

0
22

Por si no lo viste, querido lector, permíteme que te lo platique.

A través de las redes sociales circuló hace unos días un video que me impactó de la misma manera como podría haberlo hecho un balde de agua helada:

En la escena aparece una niña subiendo por la escalera y resbalando por el pequeño tobogán de un parque de juegos. Sube, resbala y corre de nuevo a la escalera. Al subir los quizá ocho peldaños, le saca la vuelta a un niño que pareciera tener dos o tres años de edad, y que se esfuerza por ascender.

No hay nada fuera de lo común; todos hemos vivido, con nuestros hijos o nietos, una experiencia de este tipo.  Hasta que te fijas bien y notas que ese pequeñito que va ascendiendo muy lentamente carece de brazos… y de piernas. Con movimientos de su cuerpo, apoyando su cabeza en el escalón siguiente, logra superarlos uno a uno. La niña lo rebasa de nuevo y el niño sube otro poco, hasta que logra alcanzar la plataforma que lo lleva al tobogán. Se arrastra y finalmente se desliza. Justo cuando va descendiendo la cámara se detiene en un ‘close up’ de su carita, mostrando una hermosa sonrisa llena de satisfacción y de emoción.

No me resulta fácil describir lo que experimenté cuando terminé de ver el video; fue una mezcla entre emoción, admiración y vergüenza. Tratar de imaginar el entusiasmo de ese pequeñito por superar el enorme reto que tiene enfrente, en cada peldaño, y el valor de sus padres para permitirle correr ese riesgo con sus limitados medios, me dejó perplejo y profundamente reflexivo. Y me hizo sentir vergüenza al recordar cuántas veces me agobio ante la mínima complicación que se me presenta en el día a día: perder la paciencia en medio del tráfico, desesperar por cualquier gestión que se atora, discutir por cuestiones intrascendentes.

No exagero al decirte que se me hizo un nudo en la garganta. Hubiera deseado estar en ese parque de juegos y recibir a ese pequeño “super héroe” al final del resbaladero. Abrazarlo y expresarle de mil formas mi admiración. Ante la imposibilidad de hacerlo, decidí que trataría de forzar un cambio en mi esquema mental y emocional. Calcular la dimensión de mis problemas antes de rendirme como el más común y corriente de los mortales.

Debo de reconocer que modificar mi conducta no será fácil. Dicen que “perro viejo no aprende maroma nueva”. El ejercicio debe estar soportado en puntos de apoyo mentales. Estoy trabajando en ello. A partir de esa experiencia trato ahora de cuestionarme Qué tan importante es el problema; Qué tan relevante es continuar y pretender ganar la discusión. No sé si estarás de acuerdo, pero de pronto pareciera que vivimos en un mundo diminuto, de ese tamaño son los problemas que nos sacan de control. “Enanismo emocional” sería un buen diagnóstico.

No sé tú, como dijo Luis Miguel, pero yo no quisiera quedarme de ese tamaño.

Como una manera de rendir un modesto homenaje al Pequeño Gigante de esta historia, me propongo hacer mi mejor esfuerzo cada día. Ser hoy un poco mejor, un poco más fuerte que ayer. Celebrar la vida en cada amanecer, afrontar los retos cotidianos con la mejor actitud, agradecer conscientemente las incontables bendiciones que nos son obsequiadas cada día. Esa es la idea, esa es la tarea.

Si me sorprendes quejándome por nimiedades, te ruego me lo eches en cara.

Te abrazo lector querido.

 

Germán Reynaud Tello. Director

Licenciado en Derecho
Diplomado en Mercadotecnia
Egresado del Kellogg Executive Program, de la Northwestern University
30+ años de experiencia en medios impresos.

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here